martes, 13 de abril de 2010

Lamento Eroico (parte 1)

Decidí hacer esta crónica en dos partes para no tener un solo post curiosamente largo. Mañana postearé la segunda parte. El título está en italiano.

De camino hacia el Dragonship, Rose lee nuevamente el pergamino de la Leyenda de la Espada Esmeralda, con lo que empezó todo esto, pero que Loriel no había escuchado.

El navío zarpaba hacia Algalord, en la misión de emboscar a los enemigos por los flancos, según órdenes de Harold el Valiente. Y así casi lo lograron, pero justo antes de terminar el movimiento estratégico, las anclas del Dragonship se bajaron misteriosamente y abordo apareció la oscura trinidad de Akron, la Reina del Anochecer y Dargor. El Príncipe de la Montaña Negra no lucía como aliado ni actuaba como tal, y tras herir gravemente a Eric dejándolo sangrar sobre la cubierta de su nave, fue castigado por la filosa habilidad de Arwald, quien con suma precisión cercenó el brazo izquierdo de quien una vez ocupara el trono de las Hadas Contentas por su traición. El guerrero Sin Nombre azotaba con su fuerza divina una y otra vez a Akron, causante de la agonía de sus pueblos, rasgando su armadura y acercando la gloriosa victoria perpetua. Al mismo tiempo, la vida de los propios heraldos pendía de un hilo y la muerte solo era aletargada por los esfuerzos continuos de Loriel, cuya intercesión con los poderes más altos les otorgaba a los heraldos la fuerza y resistencia necesaria para sobrellevar el combate. La Reina del Anochecer tenía mil trucos que requirieron de la astucia de los heraldos para disipar. Y en el momento de la verdad, Akron procura una retirada estratégica desapareciendo pero dejando sus otros dos familiares a cargo de la pelea.

Finalmente al llegar a la Reina, el guerrero del hielo Baru pudo abalanzarse sobre su cuerpo tirándola por la borda y asfixiándola. Pronto surgió una explosión del agua y todos volaron en distintas direcciones mientras en la cubierta, Dargor y el renovado Eric gracias a los poderes celestiales de Loriel, aún combatían en el nido del cuervo. La Reina sube a bordo nuevamente para enfrentarse con Rose, invocando a un aspecto de su amante, el dios Kron.

Arwald, quien fue rescatado por su fiel dragón, ascendió hasta el navío para inmolar su cuerpo una vez más dejando el barco hecho polvo. Lamentablemente, ni siquiera su sacrificio pudo evitar lo que iba a suceder luego. Los heraldos y el ejército aliado habrían de ser derrotados por las fuerzas del Señor Oscuro Akron.

El mar estaba rojo, cubierto por las llamas de Arwald, que era lo único recuerdo que quedaba de él y los heraldos de Onira. El ejército miraba atónito su esperanza siendo destruida por las manos de Akron y su nefasta familia. Sin el Dragonship, pronto los otros navíos cayeron. Y sin los heraldos, pronto la moral del ejército aliado cedió y fue cuestión de tiempo para que Algalord fuera sitiada.

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