lunes, 22 de febrero de 2010

La tormenta de las mil llamaradas

La primavera se hace a un lado en Onira para cederle el turno al verano. El tiempo tan esperado por las hadas para descansar un poco y que el Amado Sol tome todo el trabajo de día y la Gran Luna ilumine de noche. Es generalmente una buena temporada para las ciudades costeras de Elnor y Thorald, pero no esta vez, pues los ejércitos malvados de Akron se dirigen hacia allá.

Los heraldos, cerca de Lork, se dirigen hacia el Palacio Seelie para preparar las tropas, pero no se esperaban una emboscada por el Príncipe de la Montaña Negra, Dargor acompañado del Rey Oscuro Akron. Una encarnizada batalla se suscitó en aquel momento pero lo más increíble de todo fue algo que les indicó a los heraldos que quizá Dargor no esté allí por su propia cuenta. El ángel Loriel rompió un hechizo en Dargor, haciéndolo dudar y perder la noción de la realidad por unos segundos. Será acaso que la lealtad de Dargor hacia Akron no es tal como creían?

Más profecías y mensajes crípticos vienen desde Algalord, que agitan el corazón de Rose y aluden a la Llamarada del Dragón. Además, los heraldos conocen la triste realidad en el que se encuentra el reino de Eric. Deciden ir al palacio de las hadas y con la ayuda de los elfos de Elgard, son transportados a la velocidad del pensamiento hacia Elnor, en búsqueda de su lugar más sagrado, un templo bajo el que yace la esperanza de Onira: una gran esmeralda para reactivar los poderes de la Espada Legendaria.

"Lucha por tu pasado, lucha por tu futuro...Elnor, Thorald, resistan...resistan!" --Eric

 Los sueños de Rose hablan sobre ángeles oscuros, rituales y resurrecciones profanas. Nadie puede saber a ciencia cierta qué significa todo esto, pero las Tierras Encantadas no pueden esperar. Sobre Elnor llueve fuego, llamaradas inundan la ciudad destruyéndolo todo. Los demonios matan inocentes, los soldados blanden sus espadas y en el templo, un enorme demonio conocido como Beauregard, el Balor Lord, aguarda a los heraldos.

Arwald, liberador de este ente maligno que ahora los enfrenta, asume su forma oscura mientras Rose escala por los tejados del edificio haciendo acrobacias y clavando hojas de plata en la espalda del monstruo flamígero. El guerrero Sin Nombre clava su espada divina entre la profana carne de la bestia y Loriel extiende sus alas para proteger a los demás. Su sacrificio casi va demasiado lejos cuando el espíritu infernal la golpea con todas sus fuerzas y la lanza al suelo al tiempo que derriba a Aerak con magia oscura. El guerrero Sin Nombre vuelve a defender a Loriel mientras el príncipe de Ancelot blande la cadena de su guante para derribar al Balor y usar su magia para convertirlo en fino polvo de azufre, evitando así que el enorme demonio causara una explosión que terminara con Elnor.

Sin embargo, han llegado demasiado tarde. Akron, el cruel rey de las Tierras Oscuras tiene en su poder ahora, además de la Espada Esmeralda, la gema máxima que le concederá los poderes innombrables del artefacto legendario.

Si es que aún queda esperanza para las tierras de Onira, los heraldos deben serla, ahora que Akron es más poderoso que nunca, solo ellos podrán detenerlo.
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