martes, 29 de septiembre de 2009

Gloria Eterna

No todo en la Tierra de los Inmortales es un paraíso. Y en su momento los Heraldos descubrieron esto al finalmente decidir viajar hacia el sur en su búsqueda por la Espada Esmeralda.

Cruzar el pantano no fue fácil. Su temor más grande, un dragón negro, los acechaba y logró destruir gran parte de sus esperanzas. Pero no todos flaquearon ante la monstruosa presencia, Rose y Arwald utilizaron todos sus recursos para convencer al dragón de que valían más vivos que muertos. Baru reveló la existencia del orbe de Tharos y el Guerrero sin Nombre prometió desde el fondo de su corazón alabar al dragón negro y contar historias de su grandeza en Onira. Un alto precio a pagar por sus vidas.

Las cosas no se pusieron menos escabrosas al llegar a las tierras áridas, donde conocieron a varios de los espíritus de incontables guerreros que han venido en búsqueda de la legendaria espada...ninguno de los cuales ha jamás regresado. Entre ellos se contaba el padre del Guerrero sin Nombre, el cual recordó el otrora niño de Loregard con cariño.

La sabiduría, costo de este viaje, ya escasea...cuánta corrupción puede soportar el alma antes de sucumbir?
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