viernes, 15 de agosto de 2014

La horrible, horrible libertad

Hoy leí este interesante comentario por Hermann Heilner Haller en el tema de los derechos de los animales:

“A menudo pensamos que si algo nos beneficia a nosotros como humanos, también beneficia al resto de animales, lo que resulta en antropomorfizarlos, por lo cual debemos recurrir a la ciencia en vez de a nuestras creencias para resolver el problema de qué quieren. (una de nuestras creencias es que no quieren ser explotados pues trasladamos nuestros deseos y se los ponemos al resto como si también ellos los tuvieran, ahí creo que ya hay una falla en ver a la explotación como problema en animales, en trasladar esto de humanos a animales, creer que lo que no queremos para nosotros también es rechazable verlo en los animales sin tener en cuenta qué quieren y qué ha hallado la ciencia ante esta pregunta). Se muestra el ejemplo de las vacas que se les da a elegir entre comer pienso en un lugar cerrado y administrado por sus explotadores, y salir libres a comer a pasto lejos de sus explotadores, y elegían ir a comer lo que le ofrecían sus explotadores el doble de las veces, por lo que se podría deducir que en ese solo aspecto de la vida (la alimentación) las vacas prefieren continuar con el sistema de explotación que con su liberación (del mismo modo en el que un niño de 9 años prefiere en general vivir bajo la explotación de sus padres que vivir en libertad sin tener que cumplir las demandandas de ellos, y del mismo modo en que muchas mujeres han preferido ser criadas de familias adineradas que dejar de ser explotadas por dichas familias, pues se les da algo a cambio que les beneficia). De este modo parece que se halló qué quieren las vacas y que además dieron su consentimiento para seguir en las condiciones de explotación bienestarista en ese aspecto de su vida.”

Mi primera impresión fue que era un buen argumento en contra de los derechos de los animales, algo raro de ver y por ende interesante, pero decidí examinarlo más de cerca.

Lo cierto es que un negro durante la esclavitud igualmente preferiría seguir siendo explotado (los que lucharon por su libertad fueron la excepción no la regla), y las mujeres agredidas a menudo prefieren seguir en el círculo vicioso (más bien espiral de la muerte) de la agresión que la horrible, horrible libertad. ¿Por qué esperar de un animal bovino lo que ya se ha comprobado que no podemos esperar de un primate de la especie homo sapiens? Concluir de estas observaciones que las vacas desean ser explotadas es como concluir de las observaciones sociales sobre agresión que las mujeres desean ser agredidas. Está de más decir que esto es absurdo. La agresión y la explotación sigue siendo inmoral.

¿Podemos utilizar la ciencia para determinar qué quiere un animal, incluso uno humano? ¿Es lo que quiere alguien, en realidad, la pregunta para fundamentar sus derechos? ¿No sentir dolor, no ser explotados, no ser esclavizados ni torturados, ser tratados con respeto, son estos nuestros deseos, deseos que pertenecen a la especie homo sapiens, quién decidió que estos son nuestros deseos y no los deseos de todo ser consciente? ¿En qué momento antropomorfizamos a un animal, es cuando aceptamos que tienen sentimientos, cuando aceptamos que sienten dolor, son estas condiciones antropomórficas, esto es, del hombre exclusivamente? Está de más decir que esto, también, es absurdo.
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