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No existe el bien, es solo la ausencia del mal

Muchas personas discuten la existencia del mal con el siguiente argumento:

-“¿Creó Dios todo lo que existe?”
-“Sí, Él creó todo lo que existe”
-“Si Dios creó todo lo que existe, ¡entonces hizo el mal, ya que el mal existe!"
-“¿El frío existe?”
-“Lógico que existe, ¿o acaso nunca sentiste frío?”
-“En realidad, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en ver­dad es ausen­cia de calor."
-“La oscuridad tampoco existe, en realidad, es ausencia de luz. La luz la podemos estudiar, pero la oscuridad, no.
-"El mal no existe o por lo menos no existe por sí mismo. El mal es sim­plemente la ausencia del bien… De conformidad con los anteriores casos, el mal es una definición que el hom­bre inventó para describir la ausencia de Dios. Es igual a lo que ocurre con el frío cuando no hay calor o con la oscuridad cuando no hay luz”

Algunos inclusive van al extremo de decir que esta es una conversación real que tuvo Albert Einstein, por ignorancia y falsedades esparcidas por el Internet.



La Teodicea de San Agustín es una falacia

Este argumento según se conoce se utilizó primero por San Agustín y hoy algunos pocos saben que se llama la teodicea de San Agustín. Sobre lo que Wikipedia nos dice:

Esta se enfoca en la historia del Génesis, que básicamente señala que Dios creó el mundo y que fue bueno: la maldad es meramente una consecuencia de la caída del hombre (el pecado original). San Agustín señala que las catástrofes naturales, son un resultado directo de esta caída o pecado original del hombre. Asimismo, el mal infligido por el hombre resulta ser una consecuencia de haberse alejado de Dios y de el camino elegido por él. San Agustín señala que Dios no pudo haber creado la maldad en el mundo, puesto que él creó el mundo como algo bueno. El mal no puede ser separado y considerado como algo único o independiente, por ejemplo: La ceguera no es una entidad separada e independiente, sino simplemente la privación de la vista. Por tanto, la teodicea según la perspectiva de San Agustín, señala que el problema del mal y del sufrimiento, no viene dado porque Dios lo hubiera creado, sino porque el mismo hombre eligió desviarse del camino del bien.

Dicho por Albert Einstein o por San Agustín, me sigue sonando a sandeces. Primero, es un pésimo argumento. En el caso de la versión moderna, el bien no puede ser analizado con el método científico. En la versión antigua, parte del hecho de que Dios es bueno y todo lo que creó es igualmente bueno...excepto el ser humano. Porque si todo lo que hiciera Dios es bueno, los seres humanos seríamos buenos por definición y todo lo que hagamos sería bueno por extensión. Lo que últimamente presenta una paradoja entre el pecado original y la bondad de Dios.

Ya rota esta hipótesis, nos quedan básicamente dos opciones (no nihilistas), o que (a) tanto el bien como el mal existen como entidades separadas o (b) es todo lo contrario y el bien no existe, es solo la ausencia del mal.


La ausencia de maldad
En la primera premisa, si definimos el bien como la evolución y el desarrollo hacia un bienestar común, que para ponerlo metafóricamente, es como construir una casa, básicamente podemos construir, destruir o no hacer nada. Destruir no se puede definir como dejar de construir sino como deshacer lo construido. Pero si no hacemos nada, tarde o temprano, la construcción se va a venir abajo, por la ley de la gravedad, el medio ambiente, etc. Esto nos vuelve a dejar con una dualidad, con destruir solo siendo una aceleración del proceso normal de no hacer nada.

Es por esto que digo que el bien no existe, sino solo la ausencia de maldad. Consideremos el ejemplo anterior. La gravedad está, para todos los efectos, destruyendo la casa. La gravedad, un ente amoral, siendo malvada.

Pero pensemos en otra cosa. Si la maldad es la norma y lo natural,  ¿cómo podría considerarse algo tan simple como una piedra tirada en el suelo malvada? Voy a referirme rápidamente a un tipo de mineral, pues las rocas son conglomeraciones de ellos. La calcita, como muchos carbonatos, se desuelve con el agua y libera dióxido de carbono. Formando parte de una roca, al disolverse va a crear porosidad en la roca, potencialmente quebrándola, destruyéndola. Si este proceso sucede por un largo periodo, resulta en la formación de cavernas. Y qué es una caverna más que la ausencia de roca, roca que creó Dios. Entonces dentro de la misma roca, ¿unos minerales aniquilaron a otros hasta formar un hueco en la creación divina? ¿Es esto también explicable por el pecado original?

Si aún no están convencidos de que las rocas son malvadas, consideren los volcanes, el magma, los terremotos y otros desastres naturales ocasionados por la piedra. Ah pero la calcita también buena: es a menudo hogar de plancton y otros microorganismos. También la calcita presenta una característica llamada solubilidad retrógrada, en la que, con la temperatura correcta del agua, en vez de destruir, llena las grietas de las rocas dañadas más bien construyendo.

No voy a discutir la moralidad de los minerales, pero si en realidad carecen de sentido moral y no hacen nada, entonces son la base para saber cual es el estado inalterable de la naturaleza (o Dios si se quiere): bueno o malvado. Según el discurso anterior, concluiríamos que ambos, lo que es muy diferente que ninguno.


¿Dios es malo?
Siguiendo con la conclusión, si nos sentamos a hacer nada, como una roca, estamos dejando que el mal (y el bien) natural siga su curso, se podría decir que estamos siendo malos y buenos al mismo tiempo. Muchos religiosos van a negar que tal coexistencia sea incluso posible, después de todo, una habitación no puede estar oscura e iluminada al mismo tiempo, un cuerpo no puede estar frío y caliente al mismo tiempo.

Aquí la frase clave es "al mismo tiempo". Un cuerpo puede estar frío y luego estar caliente, y luego estar frío de nuevo. Es decir, el grado de calor puede variar. Ciertamente un cuerpo con algún grado de calor experimenta asimismo un grado de ausencia de calor. Hay estrellas miles de veces más calientes que el Sol, por ende el Sol tiene una ausencia de calor con respecto a esas estrellas. Sin embargo, decir que el Sol es frío y caliente al mismo tiempo suena ridículo, ¿porqué?, pues porque el frío no existe.

De la misma manera, decir que Dios es bueno y malo al mismo tiempo es una falacia. Simplemente porque el bien no existe.

Lo que normalmente definimos como maldad no es otra cosa que la aceleración del proceso natural que todas las cosas siguen: la destrucción, la muerte, el fin. Pero cuando estos procesos de destrucción de alguna manera se desaceleran, resultan naturalmente en construcción, colaboración, desarrollo, evolución y ayuda. Y la bondad no es otra cosa que la desaceleración de los procesos naturales.

Si Dios desacelera estos procesos de alguna forma, Dios es bueno.


La materia no se crea ni se destruye

Si hay algo que prueba, en pocas palabras, la ubicua maldad del universo, es esa frase.

Si no se está creando constantemente, se está siendo cómplice de la destrucción y la entropía naturales. Pero si estamos esforzándonos por construir y ser buenos, inexorablemente también estamos siendo parte del proceso de la destrucción (para crear algo hay que destruir otra cosa).

No podemos ser buenos sin ser malos. No podemos construir sin destruir, ni alimentar sin matar, ni calentar sin enfriar, ni iluminar sin oscurecer. No podemos crear la luz, simplemente la movemos de un lado para otro, no podemos crear calor, simplemente se lo quitamos a alguien más para usarlo nosotros.

Hay destrucción, fin y muerte inherente en todo lo que hacemos. Y si no hacemos nada, somos cómplices de esa destrucción. No podemos evitar el mal, está tejido en la tela del universo, como no podemos evitar la luz o el calor. Es en cuán medida colaboramos acelerando o desacelerando que ese mal intrínseco en el cosmos se expanda por el mundo lo que determina cuán malvados somos.

Nadie ni nada en la Creación está exento de la maldad, ni siquiera Dios, quien en su intento por luchar contra el mal, creó el mundo, desacelerando la destrucción de todo. No podemos decir que algún ser humano haya logrado algo siquiera minúsculamente cercano a eso, por ende es seguro afirmar que Dios es bueno, de hecho, lo más bondadoso--o debería decir, lo menos malvado--que existe. Jamás nuestros intentos van a siquiera acercarse, lo que solo significa que somos mucho más malvados que Dios, pero en nuestro microcosmos terrestre y mortal, todavía es importante desacelerar los procesos que impiden nuestra evolución, no hacerlo no es tanto malvado como lo es insensato.
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