sábado, 14 de febrero de 2015

Viendo Oculus


¿Qué puede más, el método científico o un espejo psiónico? Esta es la pregunta que está en el corazón de Oculus, la escalofriante película de terror que se come nuestra sanidad lenta y seductoramente mientras no podemos hacer nada más que seguir viendo.

Una de las cosas más perturbadoras de la película es sin duda el acento de Karen Gillan, ecucharla hablar inglés gringo tan perfectamente pone la piel de gallina. Desde el inicio de la película sabemos que no será una película normal de horror, pues no empieza con promesas de horror o una larga historia explicativa, empieza de una vez a lo que vinimos: apariciones de horripilantes fantasmas sin ningún tipo de aviso por parte de la banda sonora o siquiera un ruido que nos advierta. Estas apariciones silenciosas surten más efecto que el clásico jump scare, se quedan más rato en nuestras mentes royendo nuestra sanidad porque el director las pone como si fuera "algo normal".

La primera parte de la película, aparte de estas apariciones silenciosas, tiene un sentimiento de "qué diablos está sucediendo" hasta que logramos comprender y se unen los hilos, una pequeña satisfacción para el espectador que es como la cuesta de una muy alta montaña rusa a punto de desplomarse en el vacío. De repente la película toma un giro científico y se pone interesante (rara vez las películas de horror se ven bajo esta óptica) pero pronto, gracias al espejo psiónico, todo rastro de inteligencia coherente pierde sentido y nos encontramos en una espiral directo al infierno.

Algo que se le debe reconocer al guión es que los teléfonos funcionan en esta película, otra cosa muy rara en el género. Lo que no sirve en este caso es la sanidad de sus personajes, lo que es infinitamente más espeluznante que un teléfono sin señal. En algún momento la película lo lleva a uno a preguntarse si en realidad estamos frente a un fenómeno paranormal o simplemente los personajes se han vuelto locos. De cualquiera de las dos maneras, es igual de escalofriante.

Algunas escenas son aterradoras, otras difíciles para el estómago, otras increíblemente tristes y otras muy fuertes. En conclusión es una película atrapante y penetrante, que no lo deja a uno en el mismo estado en que lo encontró.
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