—¿Sabes cuál es tu problema, Aerak? —¿Nigsht Svirgorsolathtiresh? —Pareces demasiado un dragón. —¡Ivgisj darastrix! —Es cierto, lo eres, pero cuando tienes forma humana debes lucir como humano, vestir como humano, ¡hablar como humano! —Estoy vestido como humano, Svir… —No, Aerak. Nadie usa armaduras de bronce. —Me gusta el color. —Y los humanos no tienen crestas en el cabello. —¿Tú qué sabes? —¿Y qué es eso, son garras? —Venían con la armadura, es para proteger mis delicadas manos—explica Aerak mientras lame una de sus extremidades superiores. —Los humanos no hacen eso. —Hablas raro, amigo humano—dice Aerak guiñando su único ojo funcional. —¿Qué les puedo servir, caballeros? —¿Que tal una deliciosa mesera para empezar? —Me sonroja, señor. —Mi nombre es Aerak, encantado de conocerla—dice él mientras lame la mano de la mesera. —Ya basta, Aerak. Dos cervezas, por favor. —Y un aliento de dragón para mí—agrega Aerak mientras Svir voltea los ojos. ...
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